Hemos desarrollado un sinnúmero de costumbres para darnos la ficción de relatividad, de ser parte de una unanimidad, tenemos bailes y canciones, celebraciones brutas y festividades ñutas, religiones y abuelos. Tenemos Pueblos y desde luego tenemos PAIS.
De esta forma hemos logrado crear la panorámica de que en realidad somos una masa, que nuestro conglomerado humano inmediato es por así decirlo parte de este humano que lo forma; es verdad, uno busca amigos libros y música de acuerdo a como uno es.
Así las cosas, entonces como hemos llegado a fragmentar la región; está bien ser regionalistas (¿lo está?) que monos y longos se insulten, que Barcelona y Liga se pateen, está bien que Alí y PAIS se saquen cada uno a su tiempo la camisa diciendo a sus propios maniatados: ¡aquí esta mi pecho sin chaleco!; par de brutos, si hubiera estado ahí les hubiera arrojado mi cerveza, ¿el cigarro?, no, está caro, esta casi si comparto, hubiera sido una cuasi-acertada política de salud, pero era una política económica.
Y así cuencanos y azogueños tienen el recelo de la vecindad, son los de la casa de a lado, los raros, los sucios o estirados, los callados o reguetoneros, somos lo que el que critica no es ese momento.
Dar paciencia a la diferencia, nada más. Recordar que nadie es de donde nació, coincidencias nada mas.
Pero regresando a la sensación de pertenencia, esta se ha logrado actuando; habremos cambiado a otro milenio, ya no habrá un loco bailando y cantando, tenemos a otro mas discreto, que conoce la utilidad mediática y amasa su propia bandada de guerreros letrados, que manipula y estipula desde la antigua casa de Carondelet, y lucha contra el regionalismo como yo; pero no soy de la generación de creyentes, de pasmados por eufemismos, se llamará Asamblea pero es congresillo; se llamará azogueño, pero es cuencano en un pueblo chiquito.
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